¿Qué es el Daño Cerebral Adquirido?

El Daño Cerebral Adquirido (DCA) se define como una lesión que se produce de forma repentina en el cerebro debido a causas externas (traumatismos craneoencefálicos o TCE) o internas.

Cuando las fuerzas son externas, el cerebro puede ser dañado directamente por un objeto penetrante que atraviesa el cráneo, como al recibir un disparo de bala, o al recibir un golpe tan violento que haga que el cerebro choque con las paredes internas del cráneo. Las causas de daño cerebral de origen interno más comunes son los accidentes cerebrovasculares (hemorragia o bloqueo de una arteria cerebral), tumor (crecimiento anormal de células cerebrales)…

Las lesiones cerebrales son relativamente frecuentes. Casi 4 de cada 1000 personas sufren algún tipo de daño cerebral adquirido, a diferencia de las 4 por 100.000 que sufren una lesión medular o las 10 por 100.000 que sufren parálisis cerebral. Las lesiones cerebrales internas ocurren en un 2-3 por 1000 de población y su frecuencia aumenta con la edad. La lesión cerebral de origen interno más común es el infarto cerebral, sin embargo éste ocurre generalmente a personas mayores de 50 años y en muchos casos mayores de 70. Factores de riesgo para lesiones cerebrales de origen interno son el nivel alto de colesterol, fumar, tensión arterial alta, consumo excesivo de alcohol, etc.

Algunos datos epidemiológicos actuales:

A raíz de la encuesta sobre discapacidad de 1999, y con la colaboración de FEDACE, la oficina del Defensor del Pueblo realizó un estudio publicado el año 2005, y el único realizado hasta la fecha, que arrojaba los siguientes datos:

  • Hay 300.000 personas viviendo con Daño Cerebral Adquirido.
  • De ellas, alrededor de 200.000 a causa de ictus.
  • Y unas 50.000 por traumatismos craneoencefálicos.
  • Las 50.000 restantes desarrollaron el daño cerebral a partir de anoxias, infecciones o tumores.
Gráfica: Causas del DCA (Informe del Defensor del Pueblo)

Gráfica: Causas del DCA (Informe del Defensor del Pueblo)

Estos datos reflejan la necesidad de atención que tiene nuestro colectivo, ya que hay una gran escasez de recursos.

En el boletín del Observatorio Estatal de la Discapacidad del mes de junio de 2011, la consultora Martha Quezada presentó datos de prevelancia del DCA en España; extraídas de la Encuesta de Discapacidad, Autonomía Personal y Situaciones de Dependencia 2008. Estos datos son los más recientes hasta la fecha, tras el Informe del Defensor del Pueblo de 2005.

De acuerdo con la encuesta, en España residen 420.064 personas con daño cerebral adquirido. El 78% de estos casos se deben a accidentes cerebro vasculares, mientras se infiere que un 22% corresponde a las demás causas.

Causas del DCA

Las causas más comunes del DCA son los traumatismos craneoencefálicos (TCE), los accidentes cerebrovasculares (ACV o ictus), los tumores cerebrales, las anoxias cerebrales y las infecciones cerebrales.

  • Traumatismo Craneo-Encefálico (TCE): son golpes externos que recibe el cerebro, producidos por accidentes de tráfico, caídas, etc. Este tipo de lesiones afecta a personas de todas las edades, aunque tienen una mayor incidencia en personas jóvenes y en personas mayores (estos últimos debido a que son más susceptibles a sufrir caídas, menos ágiles y fuertes). Los jóvenes, entre 15 y 24 años, son más susceptibles de sufrir lesiones cerebrales porque son más propensos a tener caídas y golpes en juegos y deportes, y más susceptibles de ser imprudentes conduciendo.
  • Los TCE están caracterizados por la absorción brusca de gran cantidad de energía cinética. La lesiones más habituales son las contusiones por golpe y contragolpe, las contusiones por el roce con las estructuras óseas de la base del cráneo y la lesión axonal difusa. Este conjunto de lesiones suele verse acompañado en las fases iniciales por la formación de importante edema cerebral y la consecuente pérdida de conciencia o “coma”. La profundidad de la pérdida de conciencia y la duración de la misma son dos de los marcadores principales para establecer la severidad del daño cerebral.
  • Los ACV son también conocidos como ictus. Se tratan de cuadros clínicos generados por la interrupción, más o menos repentina, del flujo sanguíneo en una región del cerebro. Ello da lugar a una isquemia y una pérdida de la función de la que es responsable esa área del cerebro.
  • Un tumor cerebral es un grupo de células anormales que crece y se multiplican en el cerebro o alrededor de él. Los tumores pueden destruir directamente las células sanas del cerebro. También pueden dañarlas indirectamente por invadir otras partes del cerebro y causar inflamación, edema cerebral y presión dentro del cráneo. Los tumores cerebrales se clasifican según diferentes factores, como el lugar donde se encuentran o los tipos de células que involucran y pueden ser benignos o malignos, dependiendo de la rapidez de su crecimiento y de si logran resecarse o curarse mediante el tratamiento neuroquirúrgico (ASATE).
  • Enfermedades (infecciosas, degenerativas…)

Consecuencias del DCA

La consecuencia más grave de la lesión puede ser la muerte. Afortunadamente, en cuanto a traumatismos craneoencefálicos se refiere, sólo 30 de cada 100.000 mueren. El 50% de los que mueren lo hace en las dos primeras horas después del accidente. Una buena intervención médica en los primeros momentos es crucial, porque puede incrementar las posibilidades de supervivencia de una manera significativa, y además aumenta el nivel posterior de recuperación.

Es normal que una persona que haya sufrido una lesión cerebral ingrese en el hospital en un estado de coma. Dependiendo de la severidad de la lesión, el coma puede resolverse rápidamente o más lentamente. Una vez superado el coma, se produce una fase de recuperación de las funciones cerebrales que han sido afectadas. No todos los pacientes llegan a recuperar su nivel de funcionamiento inicial. Algunas personas tienen graves secuelas durante toda la vida que les afecta todas las áreas del funcionamiento, otros tienen una recuperación casi total de unas funciones y, sin embargo, otras funciones quedan dañadas para siempre. Otros, más afortunados, tienen una recuperación casi milagrosa.

Cualquier lesión cerebral puede producir una alteración de las funciones cerebrales que pueden provocar déficits físicos, cognitivos, emocionales y sociales. Las lesiones internas provocadas por aneurismas, infartos y tumores suelen provocar lesiones bien delimitadas que afectan generalmente aun área específica del cerebro. Cada parte del cerebro se encarga principalmente de unas pocas funciones motoras sensoriales y mentales, por ello estas lesiones pueden provocar alteraciones muy concretas en el funcionamiento, como incapacidad para hablar o parálisis en una mitad del cuerpo.

Los accidentes de origen externo suelen provocar déficit más generales, ya que la totalidad del cerebro se suele ver afectada por el impacto o por la posterior inflamación cerebral. Puede haber una pérdida o disminución de las capacidades motoras y sensoriales. Pérdida de atención, memoria, orientación espacial y temporal, disminución en la comprensión abstracta, son algunos de los déficits cognitivos más comunes. Entre las alteraciones emocionales y del comportamiento, la depresión, la apatía, la desinhibición y la agitación son comunes. Todas estas alteraciones suelen reflejarse en un deterioro de las relaciones sociales que la persona mantenía antes del accidente.

Rehabilitación del paciente

Es difícil determinar el nivel de recuperación de un paciente porque hay factores que intervienen en el proceso que todavía no se conocen. Como regla general, cuanto más grave sea la lesión, peor es el pronóstico. La cantidad de cerebro dañada por un tumor, una hemorragia, un objeto penetrante, pueden ser observadas a través de un escáner o una resonancia, y pueden indicar la gravedad de la lesión. El nivel de consciencia al ingresar, tiempo de permanencia en coma, y duración de la amnesia post-traumática son los mejores indicadores de la gravedad de la lesión.

Otro de los factores que pueden influir en la recuperación es el nivel del funcionamiento previo a la lesión. Si una persona era muy inteligente o deportista, es común que llegue a una mejor recuperación, ya que esa riqueza física y mental puede cubrir, en parte, las facultades perdidas. Sin embargo el cerebro nos sorprende de vez en cuando y personas con lesiones severas pueden llegar a funcionar mejor que personas con lesiones leves.

La mejor forma de ayudar a una persona querida a superar la lesión es ayudarle a entrar en un programa de rehabilitación especializado en el daño cerebral. Estos programas deben comprender la intervención multidisciplinar en un equipo formado por neuropsicólogos, psicólogos, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, logopedas, trabajadores sociales, auxiliares de clínica, tec…

En muchos países, como España, la estructura sanitaria no contempla este tipo de centro y es difícil conseguir que el familiar sea aceptado en uno de los pocos centros que hay, y a veces imposible afrontar los costes económicos de los centros privados.

En cualquier caso, la perseverancia, el mostrar interés y determinación pueden abrir las puertas de entrada a un programa de rehabilitación que en un principio estaban cerradas. Es una situación en la que todos los esfuerzos que se haga pueden merecer la pena y ayudar mucho al familiar afectado. En estos centros se proporcionan servicios de terapia cognitiva, física, del habla, ocupacional que pueden significar una gran diferencia en la recuperación final.

En todo este proceso también se interviene (y en muchas ocasiones es primordial) en la familia. Informando, asesorando, apoyando e incluso abordaje terapéutico en forma individual o con formato de terapia de familia a nivel grupal.

La familia tendrá que atender y responder a las necesidades y conductas de su ser querido, sobre todo una vez el paciente se reintegre en la vida familiar. Estar informado y aconsejado puede ser la mejor manera de prepararse. Esta preparación permitirá anticipar problemas o saber afrontarlos de una manera más adecuada y beneficiosa para el miembro de la familia que ha sufrido la lesión. En esta fase el paciente necesita mucho apoyo y cariño, y la preparación de la familia puede ser el mejor método para evitar conflictos, preocupaciones innecesarias y para ayudar al máximo en la recuperación y el mayor bienestar del ser querido.